Agricultura

La nueva agricultura uruguaya

JULIO PREVE FOLLE

Está ocurriendo un cambio muy importante y no siempre perceptible fuera del agro, que consiste en que una nueva agricultura está modificando no solo el paisaje productivo sino la realidad social de la campaña. Para bien, sin dudas, aunque esto no significa un proceso exento de tensiones.

Hasta hace apenas seis años atrás, la agricultura tenía fama de ser una actividad económica muy riesgosa por precios y clima, con enormes requerimientos de capital, limitada al litoral y al sur, al arroz, y que, por su agresión al suelo, debía rotarse en períodos breves con pasturas. Este paradigma ha cambiado en tal forma que hoy hay agricultura en todos los departamentos, en casi todos los suelos, y el crecimiento del área a ella destinada no cesa de crecer a tasas que sorprenden.

ALGUNAS CIFRAS. Solo para citar algunos números menciono lo siguiente. En el año 2000 la agricultura de secano, tradicional, ocupaba 373 mil hectáreas; en el año agrícola 2008/2009 la cifra llega a un millón cuatrocientas mil, y de seguir este proceso que no tiene por qué detenerse, cada 4 años podrían incorporarse a la agricultura un millón de hectáreas adicionales. En base a estimaciones del MGAP, este tipo de agricultura moderna puede, en razón de los tipos de suelo del país, cubrir 8 millones de hectáreas, es decir la mitad del Uruguay; en definitiva se está lejos de alcanzar un techo por características de las tierras. Esta expansión ocurre esencialmente en dos cultivos, trigo y soja; el primero pasa de 128 a 544 mil hectáreas, y la soja de 12 a 577 mil. El maíz duplica su área, lo que comparado a los cultivos anteriores no parece tan espectacular aunque igualmente lo es, y pasa de 42 a 87 mil hectáreas.

¿Qué explica esta expansión? Las razones son varias, pero se pueden agrupar en tres grandes capítulos: cambios tecnológicos, cambios profundos en la organización y gestión del negocio agrícola, y políticas públicas adecuadas.

CAMBIO TÉCNICO. El gran cambio técnico lo ofrece una trilogía que aunque estaba disponible de tiempo atrás, se combinó adecuadamente en facilidad y precios hace pocos años: la siembra directa, el uso de glifosato, que es un herbicida total que no permanece en el suelo, y la aparición de transgénicos resistentes a aquél y de alto potencial de rendimiento. La maquinaria moderna de siembra directa se ha adecuado a casi cualquier tipo de suelo, el glifosato se ha convertido en un commodity barato, y los transgénicos, aunque el gobierno prohibió de hecho los nuevos, otros se han ido utilizando con éxito hasta ahora. Todos estos adelantos han eliminado prácticamente el laboreo del suelo, lo que supone ahorro de combustible, pero sobre todo una facilidad enorme de gestión: no hay que esperar que llueva -o que deje de llover- para realizar las pocas operaciones agrícolas, y todas estas ganancias de tiempo hacen muy fácil la realización de más de un cultivo por año. Además, y si se realizan ciertas prácticas, la fertilidad del suelo lejos de mermar se incrementa con el tiempo, y ello sin necesidad de rotar con pasturas. La agricultura continua por tanto es hoy una posibilidad muy cierta. Esto último, además, supone un cambio sustancial en la enseñanza de la agronomía de generaciones enteras.

OTRA ORGANIZACIÓN. Es lo más trascendente. Se trata de lo que se llama la agricultura en redes. Esto significa un negocio agrícola desarrollado por firmas grandes, que en realidad combinan el esfuerzo de un conjunto de empresas pequeñas y medianas de diverso tipo. Esto quiere decir que arriendan la tierra, contratan los servicios de maquinaria, contratan los fletes, el almacenaje, la comercialización, todo. No disponen relativamente de activos fijos y maquinaria. Su gran valor agregado es la capacidad de gestión, de organización, de logística, su inteligencia de mercados, sus estrategias de cobertura de riesgos climáticos, su organización financiera. Todo esto les permite ser muy competitivos y crecer sin parar, ofreciendo rentas a los propietarios de tierras muy superiores a lo que consiguen las explotaciones ganaderas o lecheras.

POLÍTICAS ADECUADAS. Es lo que con frecuencia se olvida. Este desarrollo solo ha sido posible a partir de la libre contratación en los arrendamientos rurales establecida en 1991 después de duras discusiones. Es esta modalidad contractual -libre- la que posibilita entregar el campo en arriendo por 3 o 4 años o los que sean, pactándose rentas provenientes del libre albedrío y no de determinaciones de jueces. Hay pues un mercado de arrendamientos funcionando y eso no es fruto de la casualidad. Lo otro es la libertad de mercado. Aunque el gobierno hizo varios intentos de detracciones y otras intervenciones, los precios han sido los internacionales, lo que ha permitido a la vez coberturas de riesgo creíbles, relevantes para el negocio. Han variado continuamente las devoluciones de impuestos, pero esto, al lado de lo que pasa en el barrio, no es nada.

Creo finalmente que si el país es respetuoso de estas reglas y en general de las que hacen a todo el negocio agrícola, una nueva ola expansiva de la agricultura se consolidará, obviamente si los precios internacionales acompañan, como todo parece indicarlo. Esto supone cambios en el entramado social de los pueblos; en la educación para todos los proveedores de servicios, y hasta en la fisonomía de muchas localidades del Interior. Y también en lo productivo: es probable que la ganadería de carne y leche, en menos espacio y con granos más baratos, tiendan a intensificarse a partir de una alimentación y todo un sistema de producir completamente diferentes, que modificarán -ya está ocurriendo- modelos de negocio, tipos de alimentación y hasta las razas. Incluso si ocurriera como se prevé, que de modo sistemático los granos para la alimentación animal se comercializaran siempre a precio de paridad de exportación, como ocurre con zafras excedentarias, veremos también negocios nuevos en avicultura y suinicultura, alejados del éxito asociado al proteccionismo como ocurre hoy.

Mujica sostuvo en su momento que este proceso había que pararlo poniéndole un palo en la rueda. Más cerca en el tiempo su sucesor al asumir señalaba su opinión contraria a lo que llamaba la agricultura sin agricultores. Hoy sostienen ambos en la última Búsqueda -como digo una cosa digo la otra- que pretender trabar este proceso con leyes y reglamentos es imposible. Pero vaya si se intentó: hay que recordar siempre la ley de sociedades anónimas, con excepciones para los grandes; el intento de parar a los extranjeros; la prohibición de los transgénicos; de los lanzamientos; la ley de colonización; la de tercerizaciones; la de ordenamiento territorial; las ocupaciones de tierras; la prohibición de exportar trigo; las detracciones a la leche; los precios fijados por la "comisión de cultura". Ahora defiende los pools de siembra porque "significa mejores salarios, más ingreso, mayor rentabilidad, mayor disponibilidad de granos, y más incidencia en las exportaciones del país". Ayer en contra, hoy a favor, mañana…

Hay pues un proceso de cambio muy interesante, no exento de tensiones pero con oportunidades claras para muchos: nuevos negocios productivos, de servicios, demandas de capacitación, de infraestructura, de comunicaciones fluidas con el mundo. Para aprovechar este proceso hará falta tener la cabeza abierta a lo nuevo, capacitarse más, y sobre todo recomponer un respeto absoluto a las reglas de los negocios, hoy bastante abolladas, y al sistema de precios. Así, lo que viene será muy estimulante.